Seleccionar página
Si estás leyendo esto, es que probablemente has desistido de tener contacto físico con una mujer (u otro hombre) y has decidido llevar la masturbación a un límite que tu moral no creía que iba a rayar. En ese caso, ya somos dos. No estaría aquí escribiendo esto si así no fuera. También puede ser que hayas llegado aquí a través de un enlace aleatorio por internet, o te esté trolleando un colega. Si es así, bienvenido igualmente, podrías aprender algo nuevo. Y es que hoy abrimos con la primera entrada del Blog del Masturbathor simplemente echando la vista hacia atrás y recordando otros tiempos, no tan lejanos dependiendo de las canas que tengas en la cabeza o la barba en los que la idea de tan siquiera meter el miembro en un aparato y que hiciera el trabajo por tí como mucho era o una fantasía o la desquiciada idea de un maníaco que acababa con una cabecera local de periódico rezando “hombre pierde el pene metiéndolo en la aspiradora” o algún titular del estilo.

Esos tiempos por suerte acabaron, y es por eso que desde Masturbathor somos conscientes de que si la tecnología avanza, la moral lo hace de la misma manera. Atrás quedan la época en la que la masturbación femenina era un concepto simplemente ilusorio o en algunas culturas tabú. El ya mundialmente conocido Satisfyer hace honor a su nombre desde aproximadamente 2017, generando en algunos de los miembros de nuestro sexo una especie de sensación de traición, o de celos hacia lo que es claramente un aparato, no demasiado diferente a la nevera o el teléfono que tú mismo tienes en tu casa; un dispositivo creado y comercializado con el fin de resolver una necesidad. Y si las mujeres pueden tener su Satisfyer, y en la intimidad de su casa no necesitar de un hombre, por qué habríamos de sentirnos nosotros traicionados o dolidos, cuando podemos simplemente recurrir a la misma posición. Es hora de abandonar el orgullo y el prejuicio y ser conscientes de que el hombre del siglo veintiuno no solo proyectará su mente a través de internet, también su cuerpo a través de Masturbathor.

Claro, ahora solo te queda una auténtica duda (estoy seguro de que me perdonarás que te tutee así, pero conociéndonos como ya nos conocemos me lo permitirás): “Todo esto está bien y me puedes haber convencido, ¿pero por qué comprar Masturbathor?” Ahí tenemos que tomar la baza aprovechando que te encuentras leyendo esto y mostrarte de qué somos capaces.

La tecnología del Masturbathor se ancla en 3 grandes pilares, un diseño refinado a través de la experiencia el cual no hace daño al usuario y le permite relajarse mientras la máquina opera con facilidad, la capacidad de elegir tú mismo con el uso que tipo de programa es el que más te complace, es decir, la personalización de uso, y por último, la capacidad de emplearse mediante Bluetooth para activar un programa de voces femeninas entre las cuales tienes un elenco a decidir.

Con esto creo que ya podemos ir guardando la pluma entintada por hoy, no sin antes dejarte una última pregunta: “¿Vas a quedarte cavilando sobre lo inadecuado que podría ser comprar este tipo de aparato, o por el contrario vas a decidirte a tomar la iniciativa y dar un paso para SER un hombre más satisfecho?”

Tomando las palabras del Bardo, lo dejaré en tus manos con un final “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

Llámanos